Creemos que el internacionalismo obrero es más que nunca una necesidad
vital frente a las multinacionales de] dinero y de la represión. Creemos que la AIT puede
ser el alma de ese resurgir, por sus realizaciones históricas, por sus principios
ácratas, por sus nuevos brotes organizativos surgidos desde abajo que vienen a reemplazar
las hojas caducas.
Pero, porque queremos una AIT viva. no estamos dispuestos a que se congele la realidad ni
a comulgar con las ruedas doctrinales de molino (y si la realidad no está de acuerdo con
esa doctrina, «tanto peor para la realidad» ... ) que tanto daño ha hecho a la propia
AlT. Sin duda que los profesionales de¡ triunfalismo procedían con la mejor intención.
Pero alguna vez habrá que someter a la crítica los errores históricos. ¿0 no es
admisible la autocrítica entre libertarios?
Exilio o AIT: aplausos para una opción (primer
acto)
La carta de¡ compañero Sánchez, «El Pelao» de
Suecia, saluda los últimos acuerdos de¡ Pleno de Regionales de la CNT: el durísimo
exilio histórico ha terminado. la CNT está en España a la luz de¡ día, y ha decidido
que para ser militante de la CNT de España hay que vivir y trabajar en España. Quedan
miles de emigrantes políticos y económicos esparcidos por el mundo que por edad, arraigo
laboral, familiar o local, o cualesquiera humanísimas razones prefieren no regresar por
ahora. Para ellos, la solución organizativa que da la nueva CNT es terminante: afiliaros
a la AIT, en la sección de¡ país donde residáis o trabajéis. Somos
internacionalistas. Comprendemos Y agradecemos vuestro cariño a la CNT a la que
pertenecisteis en sus horas más difíciles y a cuyo resurgir tanto habéis contribuido
muchos de vosotros. Pero la tarea revolucionaria no tiene fronteras, está en el tajo y el
barrio de cada día, no en los recuerdos. Donde no exista sección de la AIT, ¿por qué
no crearla? Donde esté debilitada, dividida, perdida en los recuerdos, ¿quién os impide
reforzarla, apiñarla en torno a las ideas anarcosindicalistas, acercarla a los problemas
reales de los trabajadores? Vuestras ideas, vuestra capacidad propagandística son
indudables. La me jor ayuda a la CNT de España es hoy una AIT fuerte y con existencia
real, capaz de coordinar la lucha creciente contra las multinacionales que explotan a los
trabajadores en España y en todo el mundo. Centenares de huelgas en nuestro país se
verían potenciadas si las patronales multinacionales fueran golpeadas por la solidaridad
internacionalista.
Exilio y AIT: averiguaciones (segundo acto)
En cambio, nos ha dolido la carta de¡ no menos
entrañable compañero Marcellán, que pese a sus viejas heridas en los frentes (le guerra
ha sabido forjar, año tras año, con su irte tipográfico, un valiosísimo instrumento de
comunicación obrera, el «Combate Sindicalista», en el que labora diariamente en su
imprenta de París.
Al que esto escribe, que ha compartido el pan y la sal recientemente con Tomás en
reuniones de la AIT, le duele la carta, no porque discuta unas siempre discutibles
afirmaciones publicadas en «Bicicleta», sino por el talante inquisitorial con que llega.
Veamos. Se reprocha la crítica a la «cerrazón específica» sin mencionar el papel que
el reformismo jugó en el declive de la AIT. ¿Pero ha leído Marcellán en el mismo n.º
1 de «Bici» el párrafo anterior al que cita en su carta? Allí se habla de las
divisiones de la «guerra fria» (podríamos añadir, de las influencias claramente
pro-yanquis que actuaron en aquellos años), de¡ reformismo autoritario, de la última
etapa de la SAC, como factores de] debilitamiento de la AIT. ¿Era necesaria una lista de
«culpables» como la que hace la carta? Allá cada uno con los métodos que emplea. Los
medios definen los fines.
Al final, la carta quisiera «averiguar» dónde estábamos hace 40 años los que hacemos
la «Bici» o los que «tan fuerte pedalean» en el resurgir confederal estamos seguros de
que Marcellán no lo ignora. Ni SIQUIERA HABIAMOS NACIDO. ¿Nos van a meter por eso en la
lista de «culpables» que enumera la carta?
A tamaña osadía de no haber nacido «en el momento oportuno», como nos reprocha la
citada carta, sumamos más pecados. En los años 60 ya algunos nos rompimos la cabeza en
busca de formas nuevas contra la dictadura que las viejas fuerzas de la guerra y el exilio
no lograban erradicar. Salvo algún caso de libertario «desde el útero materno», los
demás empleamos años para lavarnos de la propaganda religiosa obligatoria sufrida cuando
niños, pasamos el sarampión marxista a que empujaba la misma policía al llamar
«cornunistas» a todos los que pasamos por la trena, hubo quien estuvo en el FLP, o las
comisiones obreras de] principio, o los «maos», hasta empezar a ver claro con lo de¡
68, ya hubo grupos autónomos ácratas, contactos con cenetistas presos entre tumbos de
cárcel, despidos y batallones disciplinarios. para acabar en la reorganización o hasta
fundando algún sindicato de la renacida CNT, y los más jóvenes militando ya en grupos
específicos, Mujeres Libres o ateneos de barrio, y alguno estuvimos en el comité
nacional confedera] y la prensa cenetista renacida todavía en la clandestinidad, por
mandato de los compañeros, y allí nos juntamos los que ahora hacemos la «bici»... Un
pecaminoso historial típico de las nuevas generaciones de trabajadores militantes
surgidas bajo el franquismo, y que pondrá los pelos de punta a muchos veteranos.
Por la AIT, contra el sectarismo (epílogo)
Los jóvenes que nacimos bajo el fascismo militarista
sólo muy lentamente redescubrimos el anarquismo, supimos contra la propaganda oficial que
fue la CNT. Aún nos retrajo cierto dogmatismo, presente todavía en la carta de
Marcellán: el de los que se presentaban desde el exilio como «los verdaderos, los
únicos, los mejores»... La vida nos había enseñado a desconfiar de todo sectarismo. Al
final, con todo, pensamos que en el anarcosindicalismo había tajo de sobra para quienes
buscan la emancipación obrera y la libertad humana en general, arrimamos el hombro para
que la nueva CNT se pareciera a la de siempre. Y aquí estamos.
A nosotros no nos preocupan tanto el «reformismo» y las «infiltraciones» autoritarias
que obsesionan a ciertos veteranos, porque nosotros nos forjamos en la lucha antifascista
clandestina, conocemos las manipulaciones marxistas de cerca, y allí aprendimos a
combatir esos peligros que acechan a todo movimiento obrero. En cambio, nos sorprende
todavía el sectarismo dogmático de quienes aspiran a las medallas de la «vieja
guardia», con ese, afán de «averiguar» la antigüedad de nuestras «credenciales
libertarias», de mostrarnos los galones (creíamos que lo de «la veteranía es un
grado» era en el ejército u otras organizaciones jerárquicas). Esa actitud excluyente,
presente pero en trance de superarse en nuestra CNT, puede ser especialmente grave en la
AIT, al menos en algunos de sus órganos, por el enorme peso relativo de¡ «exilio
oficial» cenetista en los mismos. Conste que queremos dialogar comprender, discutir,
polemizar, pero entre libertarios. No anatematizar, ni excomulgar. Probablemente esa
famosa «cerrazón específica» ha sido una defensa lógica en los tiempos más negros de
maniobras reformistas, de¡ exilio necesario frente a la dictadura policíaca.
Sinceramente, compañero Marcellán, ¿lo sigue siendo hoy? ¿quién tiene miedo y por
qué a la joven CNT? De verdad, os animamos a todos los veteranos a seguir vuestras
«averiguaciones», legítimas, pero sin ese talante inquisitorial, porque confiamos en
que vuestros recelos dejarán paso al entusiasmo, crítico pero solidario con el resurgir
confedera¡, y al abrazo abierto entre todos los compañeros que queremos la emancipación
social en el mundo entero y por eso laboramos por una auténtica AIT. Salud y anarquía.
José Elizalde
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