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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 8 Septiembre 1978

Luchas autogestionarias del poder en la prensa

¿Es la prensa el «cuarto poder» o simplemente el «cuarto de estar del Poder»? Cuando el Poder era estrictamente militar, las consignas regían la prensa. Ahora, las tintas multicolores de la política y el reparto de papeles entre los «sensacionalistas» y los sumos sacerdotes de la «objetividad» no encubren la motivación fundamental del gran teatro, que no ha cambiado., condicionar las imágenes colectivas en favor de los que tienen dinero, actividad que lógicamente resulta rentable para quienes contribuyen eficazmente a que todo cambie para que todo siga igual.

Nosotros, los más, tenemos el sudor, el dibujo o la palabra, pero ellos, los menos, tienen los medios de expresión. La lucha de los trabajadores de la prensa por sustraer su trabajo, sus informaciones, sus opiniones, al poder de quienes controlan los medios informativos por vía económica o política, es una lucha que se golpeará contra un muro si no excava el único túnel de escape: la autogestión.

«Pueblo» para quien lo trabaja

Este diario vespertino madrileño, nutrido de la Organización «Sindical» franquista, y financiado por tanto con las cotizaciones obligatorias de los trabajadores, es una de las primeras crisis en la prensa de la Democracia.

Desaparecido el verticato y las cuotas obligatorias, con las centrales obreras legalizadas, el Gobierno trata de mantener el control estatal, a través de la AISS y la gestión de una nueva maquinaria cuya financiación sería estatal.

Los trabajadores, reunidos en asambleas a lo largo de 1977, lograron estar presentes en las conversaciones sobre el futuro del diario, y formular unas alternativas autogestionarias: atribuir la titularidad de «PUEBLO» a todos los trabajadores españoles (la sección sindical de CNT propuso una cooperativa de los actuales trabajadores, con una cláusula de afectación unitaria al conjunto de los trabajadores que con sus cuotas nutrieron el patrimonio sindical), informar pluralmente en base a todas las corrientes del movimiento obrero, situar en la asamblea de trabajadores del diario las decisiones y el control sobre gerencia y administración, constituir un Consejo de empresa integrado por delegados de las secciones, de la comisión sindical y de asociaciones vecinales, el cual elegiría anualmente los órganos de dirección y gerencia; financiar el déficit heredado del franquismo y la nueva maquinaria con fondos del patrimonio sindical, y fomentar la igualación salarial suprimiendo nóminas fantasmas y expulsando a quienes cobran sin trabajar.

Las propuestas de los trabajadores de «PUEBLO» han sido congeladas por la comisión parlamentaria que prepara para 1978-79 un plan de «saneamiento-liquidación» de la antigua prensa estatal. Pero las reivindicaciones autogestionarias se extienden a su vez a otros medios informativos.

del movimiento a la regionalización

Los trabajadores de 35 periódicos de una cadena que se presentaba como «la más fuerte de Europa» (lo fue sin duda por el número de periódicos, pero también era la más irrisoria por las tiradas reales y los «eternos e inmutables principios del Movimiento» que tenían que «defender y promocionar») ven su futuro laboral en peligro.

La tajada es aún sabrosa: la prensa del ex-Movimiento constituye el 37 por 100 de los periódicos de información general en España; 13 de ellos son únicos en sus respectivas provincias, y pueden hacer o deshacer prestigios y cacicazgos locales cara a unas elecciones. Los grupos de poder codician la presa. El ministro Cabanillas, en las discusiones políticas que parieron el Pacto de la Moncloa, ofreció privatizar la cadena, subastándola por lotes a precios de costo (lo que suponía, por ejemplo, vender el ARRIBA a 80 millones cuando en el mercado vale, con edificio y talleres, más de 600): como en las desamortizaciones decimonónicas, se consolidaría así el latifundismo de la oligarquía informativa que puede desembolsar decenas de millones en el acto, mientras miles de trabajadores irían al paro.

Las reticencias de otros partidos, con sus propias ambiciones, y la movilización de los trabajadores, alertados por el ejemplo de «PUEBLO», frenaron esta iniciativa, inspirada por el antiguo partido Popular (Ed. Católica-«YA»). Provisionalmente, se crea un ente abstracto, MCE, Medios de Comunicación del Estado, que arrastra un déficit anual de 3.000 millones de pesetas, y ofrece una incertidumbre laboral a sus 5.000 trabajadores, cuya reivindicación más importante es definir su propia situación, en qué y para qué trabajan, pero que frente a ese ente abstracto y centralista, que ahoga la eficacia de las empresas y medios, no tienen a su alcance un negociador concreto.

Las propuestas de los partidos parlamentarios para cuando acabe la actual situación transitoria son divergentes: la Ucedé pretende «sanear» la cadena, anticipando jubilaciones, indemnizando despidos, trasladando funcionarios, para posteriormente ofrecer los periódicos a los organismos preautonómicos; si éstos no los aceptan, admitir cooperativas de los propios trabajadores, y como última instancia, la subasta pública. Alianza Popular apoya esta opción. Los socialistas proponen crear una sociedad anónima con capital suscrito íntegramente por el Estado, con un Consejo de Administración integrado a imagen y semejanza del Parlamento. El PCE apoya una «prensa regional INSTITUCIONAL», o sea, controlada políticamente. Es curioso que los partidos de izquierda coinciden en negar a los trabajadores que se están dejando la vida en las máquinas de esos periódicos la posibilidad de acceder a su propiedad, y sólo ofrecen fórmulas donde la antigua política «azul» será sustituida por un nuevo control político, esta vez «arco-iris», más o menos rojizo y regionalista. El «psuc-ursalismo», vamos.

alternativas iautogestionarlas

Frente a estos proyectos parlamentaristas, y a la campaña de la prensa privada por adueñarse del botín, suprimiendo de paso competidores, los trabajadores vienen coordinándose en asambleas desde el otoño de 1977, y han optado por una fórmula de regionalización autogestionaria. En la asamblea general de septiembre en Madrid se acordó «rebatir informaciones y editoriales tendenciosas» (interesadamente privatistas), «rotunda negativa a que se tomen decisiones sin contar con el consenso de los trabajadores», y especifican: «Nuestros medios deben estar al servicio de toda la sociedad y abiertos a todas las corrientes.» También se denuncia la «corrupción y parcialidad de la dirección de la cadena», frente a lo que defienden una plantilla única con igualdad de derechos laborales y participación de los trabajadores en la propiedad y gestión de la empresa.

Mientras el futuro laboral de 5.000 personas depende de los debates parlamentarios, las organizaciones en que se sindica este «personal contratado de la administración », algunos con 40 años de vida laboral a sus espaldas, elaboran propuestas. Destacaremos el proyecto autogestionario de los compañeros de CNT, iniciado por la sección sindical del valenciano «Levante» (que, pese a su peso numérico, al reconocimiento logrado en la vida de la empresa y a su dinamismo, desaparecería legalmente como tantas otras, por haber ignorado las elecciones sindicales, si se aplican los proyectos parlamentarios en material de acción sindical en la empresa): analizando balances, se subraya que los saldos de la prensa estatal eran positivos hasta 1974 (coincidiendo con la entrada de Suárez en la Secretaría General del Movimiento, comíenzan los déficits), y que aún hov el núcleo de los déficits está en los «servicios centrales», aparato burocrático parasitario con nóminas fantasmas y gratificaciones fabulosas bajo la fórmula «colaboraciones especiales» que los demás trabajadores ignoran en qué consisten, pudiendo ser perfectamente rentables a todos, gestionándolos los mismos trabajadores de talleres, administración y redacción, con un estatuto que garantice la libertad de expresión todo lo cual serían elementos de racionalidad y eficacia hasta ahora inéditos en la Cadena.

la prensa privada también «chupa»

Porque estos trabajadores ponen el dedo en la llaga al señalar que también la prensa privada pierde dinero, sólo se mantiene mediante la publicidad, y aun así la Asociación empresarial de Diarios ha pedido al Estado 3.000 millones de pesetas anuales de subvención, aparte de cupos de papel y otros privilegios. Si se ayuda a propietarios capitalistas, ¿por qué no a los trabajadores, que además podrían encontrar financiación en el ahorro popular a través de unas Cajas locales y regionales, controladas por los propios ahorradores en régimen cooperativo? La irracionalidad de la cadena no ha venido de quienes hacen diariamente prensa en condiciones laborales y salariales penosísimas, sino de las consignas políticas que ahora quiere sustituir la dialéctica parlamentaria que no conoce otras alternativas que privatización-estatalización. Tras mucho clamar contra la autogestión como «utopía peligrosa», cuando llega una ocasión de ponerla en práctica, los albaceas políticos y los buitres empresariales ignoran las propuestas de los trabajadores y preparan un «sanearniento» tutelado por el Parlamento que se resuelva en la esquizofrenia de que los costes los pague el «sufrido» contribuyente y el beneficio se lo embolse la minoría privilegiada de siempre.

Pero esas voces obreras, que no piden más salario sino la gestión de sus instrumentos de trabajo, van a dar mucho que hablar si el cansancio no hace mella en sus filas: fórmulas de compensación de déficit y de apoyo mutuo entre las empresas autogestionarias, propuestas de comenzar inmediatamente restituyendo la «Soli» (expropiada por el franquismo) a su legítimo titular, la CNT, que se ha comprometido respetar los actuales puestos de trabajo y promover una fórmula autogestionaria experimental, son pasos que sólo desde abajo, desde el empuje del movimiento obrero, podrán lograrse.

concentración empresarial

Mientras, en el mundo del capitalismo informativo, la crisis se cierne sobre el futuro de muchos trabajadores. Unos 80 semanarios y revistas mensuales de información general en Madrid y Barcelona, y 73 empresas privadas de prensa diaria, se disputan un mercado que tiende a reducirse.

El Gobierno ha ofrecido subvención estatal a las empresas que colaboren con los procesos electorales, y sobre todo, con los nuevos planes de estabilización que se avecinan una vez aprobada la Constitución.

«Guadiana», «Repórter», «Doblón», «El Noticiero de Zaragoza», «Díario de Castilla», «El Cántabro», «Libre», y un largo etcétera en el alero, desaparecen del mercado. Los tres grandes grupos político-empresariales de Barcelona (Porcioles, Godó y Auger, derecha, centro e izquierda, respectivamente, en el espectro del dinero políticoinformativo catalán) se disputan los medios y van dejando en la cuneta la imagen del «Brusí», los despidos del «Noticiero» y la calidad informativa y las inversiones tecnológicas que subordinan a la utilización de sus periódicos como instruinento político.

Las luchas obreras, pese a la insolidaridad del sector (3.500 trabajadores comparten, mediante el pluriempleo, los 5.000 puestos de trabajo que existen en el ramo en Barcelona), unidas a los aumentos de costes y la reconversión tecnológica, pero también al hastío de los lectores hacia el espectáculo político, inciden en la disminución de las tasas de beneficio empresariales.

Pero el Poder ha sabido poner diques a las luchas sociales: Las asambleas obreras van dejando paso a la negociación controlada por las centrales, y el control solidarío para vigilar la contabilidad de las empresas e igualar salarios frente a las crisis y descapitalizaciones empresariales es una reivindicación minoritaria, marginada por la búsqueda masiva del aumento salarial. fatalmente devorado por la inflación.

por la autogestión en la prensa

La sección de información de la CNT de Barcelona ha preparado una ponencia a los trabajadores del sector, en la que se propone:

«Respecto a la crisis hay que plantearse además una alternativa para el momento en que una empresa plantee un expediente de crisis y pretenda cerrar el periódico, lo que dejaría inmediatamente en la calle a toda la plantilla. Lo mismo se puede decir del caso en que el expediente sea parcial. Como cenetistas, de entrada planteamos para situaciones (le este tipo la ocupación del periódico y su autogestión por los trabajadores. Somos conscientes de que esto sólo será posible mediante un fuerte apoyo desde fuera. Igualmente hay que tener en cuenta que el sistema autogestionario aplicado aisladamente en una economía capitalista de mercado, no tiene salida. Después de la ocupación del periódico y del inicio de la autogestión del mismo, por los trabajadores, el periódico debe ser puesto al servicio del pueblo, de los organismos populares, que sostendrán la financiación.

Es difícil ahora concretar qué tipo de organismo popular puede hacerse cargo de un periódico en las condiciones antes apuntadas, pero puede tratarse, por poner un ejemplo, de un organismo integrado por representantes de las centrales sindicales asociaciones de vecinos, movimientos feministas y ecologistas, etc. En otros casos, un periodico en crisis puede ser traspasado a un ramo concreto de la producción, por ejemplo, al ramo del metal, para que los trabajadores del ramo, a través de la coordinación entre las centrales sindicales, se hagan cargo del periódico. Las fórmulas pueden ser muchas. Por poner otro ejemplo, un periódico en crisis puede ser traspasado a una zona o distrito de Barcelona, para que las entidades populares de dicha zona y los vecinos se hagan cargo de él. Algunos tacharán de utópicos estos planteamientos, pero a nuestro juicio, son los únicos que permiten conservar los puestos de trabajo y hacer una prensa auténticamente popular, evitando la estatización de los periódicos en crisis, entendien. do por estatización su traspaso a la administración central, a la Generalitat de Catalunya o a los parlamentarios. »

La radicalidad de esta alternativa contrasta con la situación de diferencias salariales muy importantes entre las empresas y sectores, y además entre las provincias, sin hablar de la desvinculación entre prensa y los sectores de papel y artes gráficas , con la consiguiente indefensión ante la inflación patronal y con el reformismo de las centrales que sabotean toda huelga como «suicida». Ni siquiera ante los despidos se conmueven quienes ya han optado por venderse al Poder.

el poder de la Banca

junto a las reivindicaciones sociales, la lucha en el seno de las empresas periodísticas es todavía un combate por la libertad de expresión. La exaltación del consenso político y económico va ligado al control empresarial del acceso de los profesionales a los puestos de trabajo, a las promesas de independencia ideológica a la hora del contrato, que se truecan en despidos por razones partidistas, de «Opinión» a «Diario de Barcelona», pasando por «Cambio 16».

El dato esencial para comprender esa permanencia de la censura empresarial indirecta bajo la apariencia de libertad de prensa es el hecho de que la gran mayoría de la prensa privada está bajo el control de la oligarquía financiera.

Banesto y sus empresas controlan desde Edica-«YA» y Prensa Española«ABC» hasta el «Diario Vasco» y la prensa asturiana, esta última al alimón con los Bancos de Bilbao y de Vizcaya, dueños de lit prensa bilbaína. El Central, junto con Banesto y la Banca March, dominan Prensa Castellana-«Informaciones», el «Diario» de Las Palmas» y el de Mallorca, y están también conectados con el poderoso imperio barcelonés de Godó-«La Vanguardia». junto al grupo Porcioles, Auger completa la trinidad oligárquica de la prensa catalana, en una red que conecta desde el PSUC al grupo bancario opus- deísta del Banco Popular-AtlánticoBankunión, que domina grupos informativos como SARPE, los diarios de León y Avila y la agencia Europa Press. La propia agencia EFE sienta en su consejo de Administración a la gran banca y al INI codo con codo. Y varias cadenas de radio son propiedad directa de grandes oligarcas como Serrano Súñer y los Garrigues-Fontán. Rumasa y la jerarquía eclesiástica intiman financieramente en «El Correo de Andalucía». Y la lista podría alargarse. Estas conexiones bancarias ridiculizan la supuesta independencia informativa de la empresa privada, que además requiere ayuda estatal, la cual desde luego se niega a las publicaciones auténticamente independientes que cierran carentes de créditos financieros: ahí quedaron «Arreu» o «Berriak», o las dificultades de «El Pendón», «Ozono», «Emancipación», «Teoría y Práctica» y tantos otros, para demostrar que la libertad de prensa es sólo el reino del dinero en el mundo de la prensa.

el erotismo del Poder

Quizá merecen párrafo aparte fenómenos como «El, País», donde, desde Cabaníllas y Fraga hasta Ortega, Polanco Y Tamames, se ha establecido el consenso empresarial de los grandes negocios cultural-educativos con las tecnocracias rampantes, herederas de todos los regímenes políticos, para crear una imagen de objetividad satisfecha, de academicismo informativo, que silencia las torturas, folkloriza los actos multitudinarios de signo revolucionarío, tergiversa los conflictos sociales asamblearíos, no controlados ni capitalizables por sindicatos o partidos, y amenaza con el «golpismo» frente al desencanto abstencionista que cuestiona la partitocracia.

Pero más llamativa es la hábil combinación porno-sensacionalista, dando primacía a lo gráfico, con que «Interviú» y el grupo Zeta han sabido captar el ansia de saber en un país donde apenas se lee, donde los semanarios gráficos superan en tirada a los diarios. Así, una belleza desnuda o el escándalo de un cacique o un banquero o aristócrata estafador, actúa conio chivo expiato^ río de la aceptación cotidiana del machismo, el autoritarismo moralista, o el «derecho» de las grandes empresas a explotar indefinidamente los frutos del trabajo ajeno.

Sólo aquel «fenómeno» de la transición que fue la ágil prosa de «CAMBIO 16», o las cimas del marcado cotillo-sentimental, hacen sombra al grupo «Z» a la hora de tiradas verdaderamente rentables. El breve impacto de la aparición de la prensa de partido en los kioscos no puede competir ya con las 50 publicaciones porno-cróticas que editan más de 1.000.000 de ejemplares semanales, como monumento póstumo a la dictadura moral franquista: en cambio, tras la euforia electoral en que dos órganos masivos, «Mundo Obrero» y «El Socialista» superaron las tiradas de 200.000 ejemplares, ahora unas 200 publicaciones políticas se reparten menos de 400,000 ejemplares semanales.

Tras el optimismo (le la legalización, la realidad de una ausencia de democracia interna en estas publicaciones, de rígido control por el aparato de partido frente al lector-militante de base, unida al desencanto parlamentario, producen caídas en la tirada. Sólo unas decenas de miles de militantes comprometidos leen una prensa que se declara, ya deficitaria, y que sólo subsiste por la ayuda económica de los partidos que las editan, junto a las suscripciones militantes.

El contenido de estas publicaciones trató de superar la época panfletista di versificando la información hasta llegar a lo taurino e incluso admitir publicidad de firmas comerciales, sin prescindir de las tribunas políticas y las intervenciones de líderes. A este objetivo de mantener un público lector en base a unas obligaciones de poder se corresponde la coexistencia de la distribución militante junto a la profesional.

Política y golpes bajos

Pero si la imagen popular de esta prensa de partido se va desmitificando, no tanto por su imagen parlamentaria como por la experiencia cotidiana desde la calle, es más peligrosa y solapada la pugna político-informativa entablada en las empresas y redacciones de la gran prensa diaria y semanal, con las maniobras que van del PSUC-PCE a UCD y Alianza Popular en conflictos internos de «Mundo Díario», «Triunfo», «Opinión», el «Brusi», «Ya» y «ABC», «El ImparciaI» y hasta el olímpico «El País».

La lucha de los profesionales contra la manipulación informativa, por el secreto profesional y la libertad de expresión, se funde así con la lucha de todos los trabajadores de prensa contra la explotación, las condiciones de trabajo tóxicas y peligrosas en talleres, la inestabilidad laboral, con una mayoría de colaboradores fuera de plantillas y sujetos a todo tipo de presiones ideológico-labora les, las titulaciones requisitos burocráticos de las «Asociaciones de la prensa» y otros instrumentos de control franquista, que se unen ahora a la ley arti-libelo (disfrazada de «Ley sobre Protección Jurisdiccional de los Derechos Fundamentales de la Persona») que UCD pretende pasar por el Parlamento, para que los periodistas vayan a la cárcel de 6 meses a 20 años, según su «delito» sea atacar a Blas Piñar en una campaña electoral, o hacer «apología» (a juicio del juez) de ETA. Cuando se suceden todavía los secuestros (que en 1977 superaron el centenar y este iño llevan ese camino), las querellas de los ex-ministros, los despidos, detenciones, inhabilitaciones profesionales, multas dificultades adminístrativas», ataques físicos, cte., esa ley anti-libelo resulta un arma en manos de los (le siempre, los que con consignas o «libertad de prensa», controlan la prensa de este país desde hace 40 años.

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