Desde
que el anarquismo comenzó a ser objeto de teorización, el problema de la violencia fue
una de las preocupaciones más prioritarias para los anarquistas; aunque siempre los hubo,
como los sigue habiendo ahora, que no se plantearon problema nunca, al condenar toda
violencia, ¡venga de donde venga!
Acontecimientos recientes, que aún están en la memoria de todos (los que sufrimos la
opresión del orden establecido), han reavivado a lo largo de 1978 el interés polémico
por el tema de la violencia... No ha habido diario o revista ( de izquierda o de extrema
izquierda), que no lo haya abordado más o menos extensamente (o en un número extra), y
desbordado, al pasar de lo anecdótico... a lo general: la lucha contra la opresión.
No sé si hoy estamos en medida de aportar algo nuevo a un debate ya tan viejo, ni
siquiera si la actualidad siempre actual de la violencia terrorista del Estado (aquí en
Europa y en el resto del mundo) justifica -una vez más- repetirnos y repetir todo lo que
de fundamental (a nuestro parecer, claro) ya se ha dicho, para analizar y tomar partido al
respecto. Entre anarquistas, por lo menos.
problema para los revolucionarios
Que la violencia sólo constituye problema para los
revolucionarios, es evidentísimo. ¿Alguien sabe de algún conservador que se interrogue
sobre la legitimidad o ¡legitimidad del uso de la violencia para la defensa (derecho de
posesión de lo conquistado) del orden establecido? Por otra parte, es bien sabido que
tampoco se plantea el problema para los reformistas, por cuanto afirman no sentirse
responsables de la violencia del Sistema, que consideran inevitable, y denuncian la
"otra" como una provocación (o, como mínimo, un obstáculo) dirigido contra el
espíritu de reforma...
Circunscribamos, pues, la polémica con aquellos (los únicos) para quienes la violencia
es problema: los revolucionarios (sin miedo a las palabras y sin arrogancia, claro está)
que aspiran a una revolución que rompa el ciclo fatídico de la opresión. Con los
revolucionarios (de alguna manera hay que definirse) que no quieran -repetimos- que su
acción sirva para perpetuar viejas cadenas o forjar nuevas. Y porque no creemos tener
nada en común con aquellos otros llamados "revolucionarios" que aspiran a
conquistar el Poder y que, ya desde hoy, quieren imponer su dictadura ideológica.. . Y
además, porque para ellos la violencia tampoco constituye problema: es simple "valor
de uso" -pero de uso terrorista, como la del Estado.
Pero, entonces, ¿qué polémica? Qué revolucionario no estará de acuerdo en suscribir
estas frases: "Es esencial, hoy, comprender cómo nos podremos dar, en el porvenir,
los medios que nos permitan expresarnos a nuestra manera. Es esencial, hoy, no dejarnos
llevar por la simplificación, la glorificación o el maniqueismo. Es esencial, hoy,
adoptar una concepción más constructiva, integrando a nuestras prácticas conocimientos
y experiencias nuevas que valoren la vida y no nos entierren bajo las ruinas del
Sistema" (Freddy en "El Topo Avizor").
SI, "quizás, entonces, no cueste tantos dolores de cabeza «escojer su
campo»..."; pero el problema (grave problema) es que hay que escogerlo ahora, y no
mañana... Frente a la opresión de hoy, un revolucionario no puede permanecer
indiferente, pasivo o a la espectativa, simplemente porque haya el riesgo de que
mañana... pueda llegar "una opresión peor..."
Yo no sé si para Bommi Baumann, "ex miembro de la RAF, desertor de la lucha armada
y, por esta razón, condenado a muerte por sus compañeros", era esencial "la
creación de valores que no existen en esta sociedad capitalista"; pero de lo que sí
estoy convencido es de que un revolucionario, que busca esto, siempre estará muy lejos de
buscar los mismos objetivos que buscaba un Stalin. Y si aún estando muy lejos.... el
riesgo de convertirse en un Stalin subsistiese (porque "Stalin era, en realidad, un
tio como nosotros, uno de los pocos que consiguió sus objetivos'% entonces habría que
concluir que también por el camino de la no violencia, de conseguir uno sus objetivos, se
acabarla como han acabado todos esos campeones de la Democracia en Occidente: comerciando
(y protegiendo) con las dictaduras más sangrientas y extendiendo la explotación del
hombre por el hombre.
Toda la cuestión está ahí, en la posibilidad o imposibilidad de perseguir objetivos
diferentes y de ser consecuentes con ellos. Si no existiese tal posibilidad (y la historia
nos prueba que sí existe), entonces -qué duda cabe- estaríamos condenados a repetirnos
en el ciclo fatídico de la opresión. Ahora bien, si los hechos han demostrado que era
peligrosamente ingenuo el creer en un devenir histórico dialecticamente radiante,
también han demostrado que la historia no debe conducir, necesariamente, al Infierno.
crear nuestra lógica
Denunciar (luchar contra las opresiones presentes, no
debe ser un pretexto para no denunciar), luchar contra las que ya se insinúan . De
acuerdo. Pero sin olvidar que, además de que hay un orden de prioridades que nos es
impuesto por la marcha cotidiana de los acontecimientos, es indiscutible que "no
podemos contentarnos, hoy, de vivir de indignaciones, sino que tenemos que inventar, aquí
y ahora, actitudes que, tomando encuenta la violencia del Estado y los enfrentamientos que
determina, hagan presión sobre ella para situar la lucha en un terreno que nos sea más
favorable". En otras palabras: que tenemos que inventar (forjar), aquí y ahora (en
la praxis), y no mañana, el instrumento de la rebelión, no sólo para que nos sea más
favorable, sino también para que "nos permita estar en acuerdo con nuestras
aspiraciones de libertad''. Y eso será posible, claro está, "si conocemos los
defectos de la coraza y nos oponemos a la violencia institucional con otra lógica. Con
nuestra lógica". Más, nuestra lógica, ¿no se diferencia de la lógica
institucional, precisamente, en que no confundimos los terrenos de la opresión y de la
rebelión en que tratarnos de delimitar en todo momento "nuestro terreno"?
¿cuestión de criterios?
Y aquí llegamos a la violencia "buena" y a
la violencia "mala-: Todos sabemos que, para un gran número de ciudadanos (el
número varía según el Estado del cual sean ciudadanos), el que un policía abata a un
"delincuente" o un "subversivo", será considerado como un acto de
violencia, pero de violencia "buena"; y que, para otro cierto número de
ciudadanos, el mismo hecho será considerado como un acto de violencia -mala". No es
que queramos seguir por ese camino tan esquemático (pero tan real) para probar que la
recíproca puede ser igualmente juzgada con idénticos (pero opuestos) criterios. "A]
señalar esto, no queremos decir, todo lo contrario, que aprobemos estos métodos de matar
políticos, periodistas o policías.
Precisamente porque los libertarlos amarnos la vida y detestamos la muerte, porque no nos
gusta que nos maten (y por ello luchamos contra el Estado y el Capital), no nos gusta
matar ni que maten a nadie" (Juanjo Fernández en "El Topo Avizor").
Desgraciadamente, la realidad es que, enfrentados al Estado y al Capital, los explotados y
oprimidos verán siempre oponer, a sus reinvindicaciones de justicia y libertad, la
violencia "buena" del orden establecido -por lo menos en los sistemas de poder y
gobierno hasta ahora conocidos-. Entonces, o bien se renuncia a la lucha, aceptando
resignadamente la opresión hasta que se Inventen esas actitudes que situarán nuestra
lucha (futura) en un terreno que nos sea más favorable, o bien, con nuestra lógica (que
nos lleva a usar la violencia sólo contra aquellos que la ejercen contra nosotros),
delimitamos nuestro terreno de acción y asumimos plenamente la responsabilidad y las
consecuencias de nuestra lucha. Qué duda cabe que, en esas condiciones, y sin estar
proponiendo maniqueismos de -violencia buena" y "violencia mala la nuestra no
podrá ser "rnala" más que en el caso -como ya se ha dicho tantas veces- de que
ella se convierta en el sostén de una nueva opresión. métodos y formas.
Para que quede bien claro: creo que todo revolucionario libertario puede hacer suya, como
lo hace Santi Soler en el número extra de "ElViejo Topo", dedicado a la
violencia.... esa frase de Malatesta que resume nuestra posición: "Si para vencer
hubiera que levantar horcas en las plazas públicas, preferirla ser derrotado..."
SI, la violencia seguirá siendo problema (ético) para los revolucionarios que no quieran
levantar horcas ... ; pero eso no debe hacernos perder tiempo en discusiones sobre el sexo
de los ángeles. Creo que está bien claro que "no hay medios válidos o condenables
por sí mismos", aunque -contrariamente a lo que afirma Juanjo- la revolución no
sólo sea cuestión de contenidos, sino también de formas. Es verdad que "en
función de esos contenidos... los medios empleados, los momentos, las formas
organizativas, cobran un sentido u otro". Pero con una condición: que el contenido y
el continente no sean antinómicos. Es decir, que el continente (los medios, los momentos,
las formas ... ) no desvirtue el contenido. En este punto crucial estamos totalmente de
acuerdo con aquellos que nos incitan continuamente a prestar idéntica atención a los
fines que a los medios.
un único responsable
No obstante, y dado que la dialéctica cotidiana de
la lucha de clases nos sigue enfrentando con el terrorismo del Estado-Capital, me parece
conveniente concluir recordando que es a los que oprimen, explotan y reprimen, a los que
hay que hacer responsables de los excesos de la violencia, vengan de donde vengan.
París, septiembre 1978
OCTAVIO ALBEROLA
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